Llega la primavera y con ella uno de los principales factores desencadenantes de enfermedades alérgicas, el polen. Pero este no es el único alérgeno que puede afectar a nuestro hijo. Veamos cómo protegerlo.

La “ALERGIA” es quizás la respuesta más frecuente que reciben las mamás cuando llevan a sus pequeños al pediatra. Diríamos que es la afección del siglo, dado que afecta a un número cada vez más importante de personas. 

¿Qué es la alergia? es la respuesta desproporcionada de nuestro sistema inmune o de “vigilancia” ante diferentes sustancias, que llamamos ALERGENOS a los cuales estamos expuestos en nuestra vida cotidiana. 

Es más frecuente que estos alérgenos generen una respuesta “alérgica” en los más pequeños dado que ellos aún , por el corto tiempo de vida , no han estado el suficiente tiempo en contacto con el entorno. 

Está comprobado además, que los niños alérgicos son presa fácil para los virus e infecciones (sobre todo en las "vías altas": oído, garganta, adenoides). Y, por lo tanto, padecen enfermedades como otitis, sinusitis o catarros. 

Una persona puede “nacer” alérgica y lo será durante toda su vida. Es una respuesta constitucional de su sistema de vigilancia inmunológica, no se “cura”, pero ATENCIÒN!!! porque cada vez se conoce más de ella y estamos preparados para darle una dura batalla. 

Esto no quiere decir, sin embargo, que ese carácter alérgico tenga que causar problemas permanentemente: se pueden tener síntomas durante algunos años y luego desaparecer (con el tratamiento adecuado o espontáneamente). También es posible lo contrario, que un niño crezca sin manifestar síntomas alérgicos y que éstos aparezcan cuando ya es adulto. No obstante, la mayor parte de las enfermedades alérgicas se manifiestan en la infancia y la adolescencia. 

La identificación del agente causante (del alérgeno) es fundamental. Ante una reacción alérgica lo primero es identificar el alérgeno e intentar que el niño no entre en contacto con él. Si se trata de un alimento es relativamente fácil evitar ese contacto, pero si el alérgeno son los ácaros del polvo o el polen es mucho más difícil. Por lo tanto, conviene tener presente cuales son los principales causantes de alergias. 

A continuación, veamos cuales son éstas y cómo podemos protegerlo: 

Antes de que el niño cumpla los dos años de edad, en general, las alergias son a los alimentos. Los alimentos que las originan con mayor frecuencia son la leche de vaca, los huevos, el pescado, el trigo (por lo tanto la harina y la pasta) y la soya. Introducir estos alimentos en la dieta del niño constituye una importante etapa que se debe vigilar con cuidado. En caso de alergia, el consumo del alimento causa dolor de estómago, cólicos y diarrea. Casi siempre, los trastornos intestinales también van acompañados por dermatitis atópica, una afección de la piel que da lugar a descamación, enrojecimiento y picazòn, particularmente alrededor de la boca y detrás de las orejas, también en los pliegues de la piel. 

En cambio, las alergias respiratorias afectan principalmente a niños que ya tienen dos años de edad. Los alergenos penetran en el organismo a través de las mucosas respiratoria e intestinal. Los responsables que casi siempre provocan los estornudos y los ataques de tos, son los ácaros del polvo, los pelos de animales y el polen (de gramíneas, árboles, etc.). 

Existe cierta relación entre las alergias alimentarias y las alergias respiratorias. Los niños a quienes les caen mal ciertos alimentos, tienen más probabilidades de ser sensibles al polen o al polvo. Así, el 80 % de los pequeños que sufren dermatitis atópica durante sus primeros años de vida, están destinados a padecer alergias respiratorias durante la época del crecimiento.

¿Cómo prevenir las alergias?

Las alergias no se pueden prevenir, pero sí se puede reducir su gravedad y retrasar la aparición de los síntomas a través de los recursos que sirven para limitar el contacto de niño con los principales alergenos. Las reglas para prevenirlas se deben aplicar especialmente en los niños con papás alérgicos, ya que son los más propensos a padecerlas. 

El mejor consejo es prolongar la lactancia materna hasta que el niño cumple los 6 meses de edad, sin introducir ningún otro alimento. 

Empezar a darle al bebé, los alimentos que provocan más alergias como el huevo, únicamente después de haber cumplido el primer año de edad. 

Mantener la casa limpia, lo que implica no fumar dentro de la casa, se tienen que airear las habitaciones, limpiar seguido las alfombras (o quitarlas) y pisos, así como utilizar fundas para los colchones y sillones que estén hechos con tejidos antialérgicos. 

Lavar los muñecos de peluche, y las cobijas de lana para eliminar el polvo y los ácaros, se debe utilizar un detergente líquido para ropa delicada. Los muñecos de peluche también se pueden poner en el congelador durante una noche, ya que el frío elimina los ácaros. 

Si hay perros y/o gatos en casa, hay que mantenerlos fuera de casa si es posible, para evitar todo tipo de contacto; o mantenerlos limpios, bañándolos una vez a la semana y quitarles la caspa a través del cepillado del pelo. En general, los gatos producen reacciones alérgicas más graves que los perros. Es conveniente bañar al gato una vez a la semana y cepillar su pelo regularmente. 

Lamentablemente es un riesgo hereditario: Si la mamá y el papá son alérgicos, su hijo tiene una probabilidad de 7 en 10 de serlo. Si solamente uno de los padres sufre este trastorno, las probabilidades bajan a 3 de 10. Si ninguno de los dos ha tenido este tipo de problemas, el porcentaje se reduce a 1 de cada 10 niños.

¿Alérgica y embarazada?

Si eres alérgica y estás embarazada tu hijo tiene bastantes posibilidades de desarrollar una alergia. Este factor hereditario no se puede evitar, pero se puede atenuar. Se ha comprobado que si la madre procura evitar durante el embarazo los alimentos mas alérgicos, el niño desarrolla mas tarde la alergia, si es que llega a desarrollarla. 

* Reducir el consumo de leche de vaca y productos lácteos (yogures, queso, etc). Otras posibilidades para evitar el efecto alergénico de las proteínas de la leche de vaca es consumir leches de soja o de caseína, pero su sabor no gusta a todo el mundo. 

* Ser prudente con el consumo de huevos, pescado y frutos secos. 

* Evitar a toda costa el tabaco y los ambientes cargados. 

El mecanismo de la alergia es en realidad y una reacción de defensa del organismo. Hay determinadas sustancias (polvo, polen, un alimento) que son dañinas para esa personas a pesar de ser inofensivas para la mayor parte de nosotros. Ante la presencia de esas sustancias, el organismo de la persona alérgica reacciona librando unos anticuerpos llamados inmunoglobulina E (IgE), que provocan el trastorno cutáneo, respiratorio o digestivo, que nos alerta del problema. 

Es fácil confundir una alergia con síntomas que tiene otro origen. Ante la duda, póngase en contacto con el pediatra que con pruebas cutáneas y con la detección de anticuerpos mediante análisis de sangre podrá decir si el problema es alérgico o no. 

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