Una de las mayores preocupaciones de los padres de hoy es como poner límites a sus hijos.

 Una de las mayores preocupaciones de los padres de hoy es como poner límites a sus hijos. Este tema que se puede agudizar en la adolescencia, comienza ya a ser una seria preocupación en padres, abuelos, de niños preescolares y en edad escolar.

Jaime Barilko un filósofo de nuestra época (ya fallecido) planteó con mucho tino que el siglo XX ha sido el siglo de la permisividad, por miedo a establecer principios, por miedo a coartar libertades como mejor manera de contrarrestar al viejo mundo, solo por miedo entonces, surgieron los padres permisivos. Pero no por eso lograron diálogo, afecto. Según Barilko. Y lamentablemente lo constatamos pues sucedió lo contrario: incomprensión, distanciamiento, y mucho resentimiento recíproco se cosecharon en el camino.

¿Qué está sucediendo hoy en los comienzos del siglo XXI?

En el vínculo primario entre padres e hijos se estructuran las bases para una correcta articulación entre los límites y los deseos e impulsos.

Los padres tienen la tarea de ayudar a sus hijos a formarse para que puedan desempeñarse en el mundo que les toca vivir. Y en ese mundo, el principal trabajo que una persona debe llevar adelante es el de negociar con cada una de las dificultades que se le presentan y los límites que la propia vida le impone.

Por supuesto que le irá mejor en la vida al que sea mejor negociador. Un niño que no está entrenado para esto, que no ha incorporado límites, que no ha escuchado un “No”, que ha sido criado con la ilusión de que es posible acceder a todo, vive en una utopía, no será buen negociador y la vida le será mucho más difícil.

El niño que vive en una familia donde los límites no son claros, o sencillamente no están, es un niño caracterizado por la ansiedad y el descontrol y que es incapaz de tolerar la frustración, es incapaz de tolerar un No y en la vida se les va a presentar más de un no, pero como no toleran la frustración es muy probable que sean en el futuro adultos que se depriman con facilidad ante una dificultad.

Aunque muchas veces a los padres les cueste, el poner un límite claro al niño le ayuda a crecer, ellos mismos lo reclaman cuando se descontrolan, cuando rabean. E incluso los adolescentes suelen verbalizarlo con frecuencia, por ej. “vuelvo tarde y no me dicen nada”, “no están en todo el día, no se dan cuenta si no estudio”.

Es importante que al poner límites ambos padres estén de acuerdo, de nada sirve que uno diga siempre que no y el otro diga que sí, eso los desconcierta y no les da seguridad.

Pongamos un ejemplo: es muy frecuente que padres y madres que trabajan todo el día, llegan a casa cansados y renuncian a poner límites. Es muy frecuente oírlos decir “Con lo poco que estoy con él, pobrecito, no es justo que me pase rezongándolo”, incluso a veces no se sienten con fuerzas para hacerlo y dicen “Que hagan lo que quieran, yo no puedo más”.

Una de las peores sensaciones para un niño es percibir que sus padres no son capaces de contenerlo, de limitarlo en aquellas actitudes que merecen límites. Un padre que no limita es un padre que no protege. Entre las consecuencias que surgen por la falta de límites, comprobamos que los niños empiezan a buscarlos desesperadamente y crecen muy inseguros, con la sensación de que sus padres no son capaces de marcarles un camino cierto.

Es importante que cuando pongamos un límite, digamos que No a algo, lo mantengamos aunque luego no estemos del todo seguros, pues de lo contrario perjudicamos al niño. El no pero si no ayuda a crecer, perjudica tremendamente. El límite y el afecto deben ir siempre por rieles paralelos.

Aprender a convivir es también aprender a respetar ciertas reglas, normas o límites. Es muy importante en esto de los límites, la atmósfera en la que vive el niño. Si vive en una atmósfera de buenas relaciones entre las personas, donde todos se respetan, se identificará con sus padres y aceptará más fácilmente los límites impuestos. Respetará a los adultos, si los adultos sienten respeto por él. Es importante que los límites no sean arbitrarios o “porque sí”. Es importante *aclarar *informar *explicar

Informe claramente cuál es el límite que quiere que sea aceptado y la conducta que espera del niño. La falta de claridad llevará al niño a hacer suposiciones, las que se basarán más en sus deseos que sobre la realidad.

Explique los motivos de sus decisiones. Explicar la razón por la cual el niño debe aceptar un límite, le permite sentirse considerado como persona, y no como un ser incapaz de comprender y aceptar. Si al niño no se le dan nunca razones, él obedecerá momentáneamente y no estará desarrollando una auto-disciplina, ya que no ha aceptado la regla. Solo la ha acatado porque usted está presente.

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