Los chicos de hoy, especialmente aquellos de nivel socioeconómico medio y alto, tienen acceso a una cantidad y variedad de productos increíble.

Los chicos de hoy, especialmente aquellos de nivel socioeconómico medio y alto, tienen acceso a una cantidad y variedad de productos increíble. Reciben diariamente cientos de mensajes a través de la televisión y los supermercados presentan a la altura de sus ojos juguetes y golosinas de todo tipo y color.

Y por lo tanto, piden, piden y piden. Y las mamás compramos, compramos y compramos. Y también lo hacen los papás, los abuelos, los tíos y los primos. Compramos mochilas de sus personajes favoritos aunque tengan una mochila del año anterior en buen estado. Compramos golosinas, aunque sabemos que son un pésimo alimento. Compramos juguetes que a los pocos días estarán en la basura. 

Compramos con tal de no escuchar sus reclamos. Compramos con tal de no sentirnos culpables por estar tantas horas fuera de casa. Compramos para revindicar los deseos incumplidos de nuestra niñez.

Y sin darnos cuenta, estamos indicándoles un patrón de consumo, que probablemente ellos repitan en la edad adulta. 

Las formas de los pedidos de los niños pueden tomar diversas formas, a veces más imperativas, otras suplicantes y en algunos casos hasta amenazantes. Lo cierto es que desde pequeños los seres humanos de habitúan a querer constantemente bienes materiales. 

Sin embargo, cada vez más, queda más demostrado que estos bienes materiales no necesariamente traen felicidad o prosperidad. Hoy en el mundo hay cada vez más riqueza, pero también más desigualdad, violencia, corrupción, suicidios…

Un ejemplo clarísimo de esto han sido los casos de violencia ocurridos en EEUU, provocados por chicos provenientes de familias de ingresos medios y altos. 

Según un estudio del Worldwatch Institute (en su informe anual, titulado “El estado del mundo 2004”), el dinero ha hecho a los estadounidenses más ricos y más gordos, pero no más felices. 

Solo un tercio de ellos se consideran “muy felices”, la misma proporción que en 1957, cuando eran la mitad de ricos. 

Esto sin considerar que la forma de consumo actual es nefasta para gran parte de la población del mundo que no puede acceder ni a la milésima parte de los bienes que se producen, y para el planeta mismo. 

Según este informe, el desarrollo económico y político actual se caracteriza, más que por la victoria del capitalismo y la democracia sobre el comunismo, por el consumismo. El consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. 

El cambio tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos, generando además una degradación ambiental sin límites.

Por lo tanto, considero fundamental transmitir a los chicos que el dinero y el consumo deben ser un medio que les permita realizarse como personas, pero no un fin en sí mismo. 

Nuestro rol fundamental como padres será ayudarlos a encontrar sus intereses genuinos en la vida, reforzando su autoestima y tomando al dinero como parte de sus vidas, pero NO como el centro de éstas. 

¿Cómo hacerlo?

Algunas ideas son:

• Con el ejemplo

Está demostrado que la mayor fuente de socialización de los chicos es el hogar y que absorben constantemente el ejemplo brindado por los padres a través de sus actitudes y comportamientos. Aún que no les estemos hablando directamente a ellos, los chicos perciben si vivimos angustiados por pagar cuentas, si siempre estamos envidiando lo que se compró el vecino, si continuamente decimos que tenemos que trabajar más para poder comprarnos más cosas, etc.

Por lo tanto, decidir educar a los chicos concientemente acerca del dinero es una excelente oportunidad para plantearnos y cuestionarnos nosotros mismos acerca de nuestros valores y analizar si no debemos dar un giro a nuestras vidas.

• No comprando todo lo que piden

Los chicos necesitan tener frustraciones, porque las pequeñas frustraciones de la niñez son las que ayudan a fortalecer la personalidad y aprender a superar las frustraciones que se presentarán en la vida adulta, que siempre ocurrirán. Porque por más que querramos proteger a nuestros hijos, siempre se van a encontrar con la pérdida de un familiar, una oportunidad laboral que no se concretó, un negocio fracasado, etc. Un chico que no aprende a superar las frustraciones, será un adolescente que intentará escapar a estas mediante drogas, alcohol o cualquier otro tipo de adicción.

Por otra parte los chicos tienen que tener la posibilidad de desear. Hay padres que compran a sus hijos las cosas incluso antes que se las pidan y éstos son también los que luego sienten imperiosa necesidad de probar algo nuevo, diferente, porque no les quedó nada por probar en la niñez, y así empiezan a probar el cigarrillo, las drogas, etc.

Por supuesto que estas ideas están muy simplificadas, es obvio que un chico no va a caer en las drogas solo porque le hayamos comprado muchos juguetes sino que hay una cantidad enorme de factores que condicionan la vida de las personas, pero preferimos simplificarlo para que el concepto general quede claro. 

• Construyendo juntos un juguete

Una experiencia que me parece fabulosa, tanto para el chico como para los padres, es intentar construir juntos ese juguete que el niño tanto reclama. Decirle: No te puedo comprar esa pista de autos o esa casa de muñecas, pero sabés qué? Vamos a hacerla juntos!. Les aseguro que el recuerdo de haber pasado toda la tarde junto a su papá o su mamá, recorriendo almacenes para conseguir cajas viejas para hacer el juguete, pintarlo entre los dos, va a ser uno de los más inolvidables de sus vidas. Y además se sentirán orgullosos de jugar con eso que ellos mismos ayudaron a construir.

• Enseñándoles a no comprar por impulso 

Todos sabemos que existen los compradores compulsivos, que gastan miles y miles de pesos en artículos que luego ni siquiera utilizan. Este comportamiento se puede prevenir desde que los chicos son pequeños, y una de las formas es no comprar las cosas en el momento que las piden, sino unos días después. Por ejemplo: cuando vamos al supermercado o a un centro comercial y piden un juguete decirles: Esto te gustó, pero no lo vamos a comprar ahora, sino la semana que viene. Vamos a pensar si realmente esto es lo que más querés, o lo que más te gusta, o si no hay otra cosa que sea más útil y te guste más, etc. Así les estamos enseñando a PENSAR, antes de comprar.

• Con un sistema de mesada

A partir de los 6 años aproximadamente, los chicos ya conocen los números, saben contar y están aptos para manejar una pequeña cantidad de dinero. El sistema de mesada o semana los obliga a administrar, porque en seguida se dan cuenta que si gastan todo lo que recibieron el primer día no les queda para el resto de la semana, ayuda a explicarles el concepto de ahorro y refuerza su autoestima cuando logran comprarse algo con el fruto de su esfuerzo. (ej. Guardaron el dinero de tres semanas para poder comprar ese muñeco que tanto les gustó).

Muchos padres que comenzaron a aplicar este método descubrieron no solo su efectividad, sino que terminaban gastando menos dinero que cuando no lo aplicaban.

Finalmente me gustaría decir a los padres que: No se preocupen por dejar a sus hijos un futuro asegurado. Preocúpense por brindarles el amor que los chicos necesitan ahora. 

Hay padres que se han pasado años y años trabajando para generar más dinero para darles un futuro mejor y cuando se dieron cuenta, sus chicos habían desaparecido, siendo adultos que querían hacer su vida de otra manera. 

Lo mejor que podemos darle a nuestros hijos no es el dinero, sino ayudarlos a crear una personalidad sólida que les permita enfrentar los desafíos de la vida y disfrutar de sus propios logros. 

Creo que no es necesario justificar más este argumento. Para convencerse basta mirar las revistas, los programa de TV e incluso a nuestro alrededor y ver cómo chicos provenientes de familias de muchísimo dinero se convierten en adultos desdichados porque a pesar de tener todo el dinero del mundo les faltó lo más importante que los padres les deben dar a los hijos: amor, respeto, aceptación, conducción.

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