¿Los niños pueden ser depresivos? ¿Somos nosotros los culpables? La Psic. Viviana Vaisenberg explica cuales pueden ser las causas de este estado mental que afecta a cada vez más niños.

Reiterados dolores de barriga, broncoespasmos, insultos, pataletas descontroladas, pesimismo, exaltación del humor, comer en exceso o no comer, pueden ser elementos a tomar en cuenta para pensar que nuestro niño está sufriendo, que está deprimido. Nos guste o no, los niños, al igual que los adultos, se deprimen ya sea por la carga genética que traen, o por un entorno desfavorable, o por una situación determinada. Que hay muchos niños que no lo necesitan, es cierto. Pero hay otros que si, y lo mejor que podemos hacer es pre-ocuparnos del tema.

Antes que nada, le pido que al leer esta nota, no se culpe. No estamos buscando un culpable. Si su hijo está mal, no es por una sola variable; sino que generalmente se debe a varias, que conllevan a que su hijo “no esté contento”. Esto es algo muy doloroso para cualquier madre/padre. Sin embargo, el hecho de que usted esté leyendo esta nota, implica que está buscando el camino para revertir la situación y que además, sabe que se puede. ¿Fácilmente? No, no lo creo. Será un trabajo arduo y de colaboración.

Hay que empezar por entender a ese hijo desde el corazón. ¿Qué quiero decir con esto? Hay una tendencia, donde los padres se centran en que su hijo incorpore determinado comportamiento o actitud, pero muchas veces se olvidan de entender cómo se siente ese hijo y cómo se están sintiendo ellos mismos. Son nuestros pensamientos los que nos llevaban a sentir de una determinada manera. Somos nosotros mismos, quienes podemos elegir cómo pensar una determinada situación, y por ese camino, comenzaremos a modificar lo que sentimos. Y mejor aún: lo que sienten y piensan nuestros hijos sobre sí mismos.

¿Cómo pretender que su hijo sea feliz, si usted no lo es?

Tal vez muchas de ustedes hayan leído libros o artículos acerca de cómo fortalecer la autoestima de sus hijos; por ejemplo, con mensajes positivos. ¡Bien! Pero… ¿qué sucede cuando nuestro accionar no coincide con nuestros pensamientos y por ende, toda el área afectiva se ve trastocada? Puedo decirle a mi hijo que: “es lo mejor del mundo”, pero pensar para mí: “pobrecito, haberlo traído a un mundo tan cruel”. Yo les pregunto: ¿creen que esta emoción no es sentida por su hijo?, ¿que ellos no notan la sonrisa fingida o la inexistencia de la misma?

¡Arriba! Dejemos de pensar catastróficamente al mundo como un lugar terrible; seamos responsables de nosotros mismos y así, empezaremos a ser responsables por nuestros hijos. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que generalmente detrás de un niño deprimido, hay un padre o madre deprimido/a.

La felicito por leer todos los libros o artículos sobre niños, que han estado a su alcance… ¡claro que le han servido y que no ha sido en vano! Pero… ¿dónde quedó usted? ¿Cómo se siente? ¿Cómo pretender que su hijo sea feliz, si usted no lo es? La felicidad de su hijo y la suya, cuando éstos son pequeños, depende en gran parte de usted. Es usted quien necesita fortalecerse y buscar lugares donde trabajar su propia depresión. O tal vez, no esté deprimida, pero no sepa cómo poner los límites de forma adecuada o no cuente con redes de apoyo, etc.

¿Cuántas de ustedes se sienten desvalidas?

Me imagino a algunas mamás diciéndose: “Suena lindo, pero… ¿cómo cambio, si yo no puedo controlar lo que pienso (y por ende, lo que siento)?”. Yo le digo que sí, que puede controlar su vida: cambiando su forma de pensar. Esto es posible abriéndose a otras posibles conclusiones o respuestas, frente a una misma situación. Si logra cambiar la forma de ver el mundo, es decir, la forma en que lo piensa, cambiará su forma de sentir al mundo.

¿Cuántas de ustedes se sienten desvalidas? Sepan que no lo están. Sólo están en un momento difícil, como pasamos todos aquellos que somos padres; sólo que algunos lo llevan con más seguridad que otros, y esa seguridad, también se puede aprender. La apoyo un cien por ciento que haya decido llevar a su hijo a terapia. Eso si, acepte que tal vez usted también lo necesita, ya que en la medida que se ocupe de usted, su hijo la empezará a ver, o más bien, a sentir, más contenta y él comenzará a estar más feliz, que es en definitiva lo que queremos. Se dará entonces, una retroalimentación positiva.

En la terapia, podrá aprender a re-encontrarse con cosas que la hagan feliz… podrá aprender a amar a ese hijo desde el amor y no desde el enojo. Es entendible que sienta enojo si un hijo la aleja, agrede o no hace caso; pero… ¿y si descubre que lo que necesita su hijo no es otra "palmada", sino un abrazo? Cuando se de cuenta de algo así, habrá avanzado ¡y mucho!

Si logra incorporar las herramientas para que su hijo la respete sin descontrolarse (esto es, sin gritos, golpes, insultos, etc.), esto será también un gran paso. Los golpes no generan aprendizaje sino más bronca, más resentimiento, atención negativa, pero atención al fin. Una palmada, podría ser aceptada en un momento donde hay riesgo de vida, como cruzar la calle sin mirar…. pero hay otras muchas estrategias que no ponen en juego la autoestima del niño, ni tampoco generará culpa en ustedes. Hay ámbitos donde estas herramientas pueden aprenderse. Infórmese… si no puede pagar la asistencia privada, concurra a la pública; pero busque ayuda, para su hijo y sobre todo, ¡PARA USTED!

La foto fue tomada de: www.morguefile.com     

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