Si tenías la esperanza de que tu hijo siempre se porte bien (o sea,  haga lo que tu quisieras que haga en el momento adecuado y No haga lo que no querés que haga) te tenemos malas noticias: Eso sucede a veces, pero NO siempre. Claro que algunos chicos “tiran de la piola” más que otros y sus desobediencias o travesuras son más frecuentes.

Las razones por las que los niños pueden tener una rabieta o explosión de ira son variadas. Pueden ser: porque tienen sueño, hambre, están cansados, aburridos, necesitan y nos llaman la atención, cuando notan o perciben estrés en la casa, cuando sienten  celos de que papá y mamá están juntos o con los hermanos, cuando vienen los abuelos de visita, cuando quieren más independencia o cuando son demasiado pequeños para seguir las normas de casa.

El médico especialista en pediatría y psiquiatría infantil, Jordi Sasot, afirmó ante la pregunta de qué hacer cuando los niños se portan mal que: "Los padres tienen que cortar el problema de raíz y marcar unas normas desde que los hijos son pequeños, menores de cuatro años, y en pequeñas cosas".

No siempre los problemas son causados por la relación entre padres e hijos. Algunos son causados por la sobreprotección de los padres. El niño, según Sasot, debe solucionar este problema por sí solo.

¿Cómo evitarlo?

Los niños desafiantes actúan así cuando no sienten satisfechas sus necesidades. Según la pedagoga Elena Roger, los castigos son una solución momentánea que induce el aumento de agresividad de los niños. Cuando el castigo desaparece, la conducta puede repetirse. Los padres, al ver que el castigo no fue suficiente, aumentan el grado de castigo para tener mayor efecto. Así, comienza una rueda sin fin de malas conductas lo que degrada la comunicación familiar, hasta poder destruirla.

Marcar normas de comportamiento. El comportamiento del niño es “malo” porque no se adapta a lo normal. Su comportamiento se va forjando a partir de lo que ve y lo que le dicen hacer, por eso es fundamental dar señales claras desde un comienzo sobre lo que está bien y lo que está mal.

Lo correcto es que en lugar de aplicar castigos se realicen técnicas de sanción que adviertan al chico sobre las consecuencias de sus actos. Si no quiere comer, no se le ofrecerá otra comida hasta que termine su plato. Si no quiere dormir a la hora que le indican,  que elija a qué hora hacerlo pero no puede dejar de hacer actividades por no haberse acostado temprano. Con estas normas entenderá que las decisiones y la resolución de los problemas solo dependerán de él. Se trata de enseñarle a hacerse responsable por sus actos.

Las políticas de recompensa son técnicas que ayudarán a los padres a establecer pautas de comportamiento que conseguirán efectos duraderos. Todas las personas tendemos a realizar actividades en las que hallamos un beneficio y evitamos las que nos implican esfuerzo y no tendrán recompensa.

Debemos como padres tener en cuenta dos cosas: las recompensas no solo son materiales; pueden ser elogios, felicitaciones, reconocimientos. La segunda, no todo debe ser recompensado. Hay que intentar que el niño no pueda predecir cuándo será premiado así siempre actúa de buena manera.

¿Cómo actuar?

Las rutinas, por más que a veces nos cansan, sirven para que el niño entienda y comprenda qué deberá hacer en cada momento. Los hábitos y pautas de comportamiento definidos como la hora de comer, cenar y acostarse reducen la improvisación e incomodidad de no saber cómo actuar. Esto reducirá efectivamente la tendencia al mal comportamiento.

Dedicarle el tiempo necesario a dormir reduce el malestar y la tendencia al malhumor e irritabilidad de los niños. Una siesta que acorte la tarde y los ayude a descansar puede marcar la diferencia entre una tarde/noche llena de berrinches o una tranquila.

Cuando el problema es que está aburrido, podemos tener a mano unos juguetes o libretas con colores para poder distraerlo y evitar que tenga una rabieta. Por lo contrario, cuando necesiten de nuestra atención será en algún momento que estemos muy ocupados por algo que nos aleja de él. Intentemos parar para dedicarle un momento y para que no se sienta desplazado. Charlar, jugar, ver los dibujitos por un instante. Seguramente después de estar un rato contigo actuará de otro modo. A veces 5 ó 10 minutos de dedicación evitan un mal peor. Que los chicos quieran estar con nosotros es natural. Debemos verlo como una muestra de afecto y no como una complicación. 

Si es independencia lo que necesita el chico podemos buscar actividades para que realice solo, como escoger alguna prenda de ropa, prepararse su merienda, enseñarle a tender la cama.

Los celos son una causa frecuente de mal comportamiento ya que necesitan llamar la atención y sentirse importantes dentro del grupo humano que conforman. El estrés también les genera tensión. Evitar llegar tarde al colegio, por ejemplo, es una de las técnicas para evitar ir con prisas. Planificar con anterioridad el uniforme, la mochila y las meriendas evitará que comience enfadado el día.

Fuente:
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