Durante el embarazo, no todo es color de rosa. Si bien es una etapa maravillosa en la vida de la mujer, la ansiedad y los cambios en el cuerpo de la mamá pueden provocar algunas molestias. Cuanto más serena se encuentre y esté al tanto sobre lo que sucederá en cada mes mejor llevará el embarazo. 

Náuseas y vómitos

Las 40 semanas que distancian la concepción del parto están acompañadas por modificaciones del cuerpo, que se acomoda y organiza para anidar. Algunas son visibles pero muchas otras no. Entre las seis y diez semanas podrán aparecer  náuseas y vómitos, que suelen hacerse presentes por las mañanas y disminuyen a lo largo del día.  Las causas médicas de su aparición no se conocen. En algunos casos pueden ser generados por la psiquis de la mujer, aunque no siempre es así. Los mareos también emergen en esta etapa. Para prevenirlos hay que evitar los movimientos bruscos, descansar sobre el lado izquierdo para permitir una mejor circulación de la sangre y no omitir ninguna comida. 

Las emociones

El aumento de la cantidad de hormonas y las fluctuaciones de las mismas hacen que las emociones sean impredecibles. En todo el período gestacional la mamá se enfrentará a emociones fuertes y por eso es fundamental que quienes la rodean y el médico tratante puedan evacuar sus dudas y apoyarla sin generarle presiones que no sean imprescindibles.

Las mamas

Debido al cambio hormonal, las mamas crecen y se encuentran sensibles. Al estar preparándose para la lactancia, es probable que la primera leche –el calostro- se produzca y aparezca involuntariamente en las últimas semanas.

Otros cambios en el cuerpo

La cantidad de sangre que circula por el cuerpo aumenta, lo que provoca que algunos órganos como los pulmones, el corazón y los riñones estén forzados a hacer un mayor trabajo. El corazón se agranda para abastecer al útero pero las pulsaciones permanecen iguales. Por eso, los pulmones deben trabajar más para mantener oxigenada la sangre adicional. Los riñones, deben limpiar y filtrar un 50% más de sangre. El aumento del volumen de sangre puede provocar sangrado de nariz. En esos casos no se deben obstruir los orificios nasales sino mantener la cabeza erguida. Hacia la semana 24, la mamá se sentirá más acalorada y sudorosa debido a este aumento. 

¡Al baño a cada rato!

Como consecuencia de un aumento del trabajo del aparato renal aparece la necesidad de orinar con frecuencia. Esto también se debe a que al agrandarse el útero la vejiga tiene menos lugar y así disminuye su capacidad. 

Salud bucal

El volumen de sangre en las encías también aumenta y posibilita la aparición de dolores en las encías o sangrado al cepillarse. Por eso es necesario mantener un  buen lavado dental y tener visitas recurrentes al dentista, porque en la boca pueden estar engendrándose otros microbios que no son visibles pero sí hay que tratarlos, como las caries.

Dolores de cabeza

En algunas mujeres se hacen presentes dolores de cabeza durante las primeras doce semanas. Estos son causados por el cansancio –que puede acarrear fatiga- y por los cambios hormonales. El descanso y el sueño de una mujer embarazada son muy importantes y por eso debe asegurarse dormir entre ocho, como mínimo, y diez horas diarias. De ser posible, debería tomar una siesta si es que su trabajo y sus tareas diarias se lo permiten para que el día no se vuelva tan extenso. 

Cambios en la piel

Durante el segundo trimestre es probable que comiences a notar cambios en la pigmentación de la cara. Tanto en la frente como en la nariz, las mejillas o el labio superior se harán notorias unas manchas ya que la hormona de la pigmentación -la melanina- se produce en mayores cantidades durante esta etapa del embarazo. En la mayoría de los casos, desaparecen luego del parto. Su surgimiento puede ser prevenible con el  uso de protector solar y no exponiéndose al sol. 

Calambres

También pueden aparecer calambres, especialmente en los músculos gemelos. Son producidos por la presión del bebé o por la falta del calcio y magnesio. Una forma de aliviar el dolor es masajeando la zona o consumiendo los nutrientes cuya falta los provoca. 

A partir de la semana 20 es recomendable hacer ejercicio que fortalezca los músculos para el trabajo de parto. Aprender a apretar los músculos del piso pélvico, mejorar la fuerza y la flexibilidad ayudará a que el nacimiento sea más fluido. 

Dolores de espalda

Durante el embarazo las articulaciones y los ligamentos están sometidos a esfuerzos diferentes a los que están acostumbrados. Principalmente los que están en la pelvis se aflojan y se hacen más flexibles a modo de preparación para el parto. El aumento del tamaño del útero, sin embargo, cambia el centro de gravedad y afecta la postura. La mujer se ve obligada a desplazar sus hombros hacia atrás y con ello flexiona el cuello para compensar la posición de la cabeza y mantenerla erecta. Por eso emergen los dolores lumbares. La fatiga es otra molestia recurrente. Los cambios hormonales y físicos aumentan la posibilidad de que, durante el primer y tercer trimestre, se sienta mayor cansancio. Se puede evitar descansando al menos ocho horas diarias, no mantenerse parada por mucho tiempo y caminar al ritmo que el cuerpo permita. 

Estreñimiento y hemorroides

A medida que el útero crece, ejerce presión sobre el recto que, junto al enlentecimiento del proceso digestivo, provoca estreñimiento o hemorroides.  El tratamiento recomendado generalmente es casero, como cambiar los hábitos dietéticos, el aumento del consumo de agua o el ejercicio físico. Si la constipación está acompañada por espasmos abdominales o sensaciones de presión intestinal se debe consultar al doctor ya que puede traer consecuencias. 

Edemas e hinchazón

La presión del útero sobre los miembros favorece la aparición de edemas, es decir, hinchazón de las extremidades. Para evitarlo, se debe ingerir alimentos con poca sal y beber mucho líquido. También puede que en las manos o en los pies aparezcan “pinchazos”. 

Acidez

Las posiciones que la mujer embarazada toma le provocan diferentes síntomas molestos. Uno de ellos es la acidez; ocasionada por los cambios hormonales, que relajan el esfínter que separa el estómago y el esófago y se produce una regurgitación del contenido gástrico hacia el esófago. Este malestar suele aparecer con más frecuencia cuando la gestante se encuentra acostada ya que toma una posición que favorece el reflujo. La ingesta de más de dos litros de agua por día es recomendable para evitarla. 

Molestias alarmantes

Si bien es común durante todos los embarazos padecer algunas de las molestias mencionadas hay algunas otras que aparecen pero no son ni comunes ni recomendables para ninguna mujer embarazada y que implican la inmediata consulta médica.

Las pérdidas de sangre son un signo de alarma. Muchas mujeres sangran al comienzo del embarazo pero puede significar un síntoma de aborto. Siempre es importante consultar al ginecólogo pero aún más cuando los sangrados se vuelven prolongados y se dan en grandes cantidades.

A pesar de que los dolores de cabeza pueden ser frecuentes durante el primer trimestre, cuando son violentos deben ser estudiados porque pueden ser producidos por otro tipo de enfermedades como la hipertensión. 

Las contracciones intensas, frecuentes o dolorosas se deben tener en cuenta ya que pueden significar un adelanto en el parto. Y si hay una pérdida de líquido de color claro con olor a lavandina se debe acudir al sanatorio ya que significa que el trabajo de parto ha comenzado y si no se atiende a tiempo hay riesgo de infección  (puede tratarse de una fisura de la bolsa de aguas).

Los movimientos fetales se perciben por primera vez en el quinto mes de gestación y a medida que pasan los días comienzan a ser más definidos. A fines del embarazo, el bebé se siente más apretado dentro del útero y se le hace más difícil moverse. Aun así no deja de moverse, por eso la detención de los movimientos del niño durante más de dos días es alarmante, porque no es común que suceda. 

Los dolores intensos en los riñones a veces son confundidos con los dolores en las lumbares pero son una molestia que hay que tener en cuenta ya que puede tratarse de una infección urinaria.  

¿Y después del parto?

Por más que las molestias padecidas durante el embarazo y el parto se olvidan al momento del alumbramiento, algunas pueden persistir después de que nace el bebé.  

Durante los primeros tres o cuatro días se presentan sangrados que generalmente duran unos quince días. Al principio son coágulos en grandes cantidades y de color rojizo. A medida que pasan los días disminuyen en cantidad y se vuelven amarronados. 

El útero debe volver a tomar su tamaño original y por eso cuando se achica se sienten contracciones dolorosas, especialmente cuando se da de mamar ya que en ese momento se producen hormonas que lo contraen y por eso se pone en movimiento. 

Es común que la mamá se sienta cansada, no solo por el trabajo de parto, sino porque comienza a adaptarse a los horarios del bebé y el cuerpo entra en un período de cambios, no solo físicos sino también emocionales.  

De todos modos, la felicidad de estar acompañada por tu bebé seguramente supere con creces la incomodidad de alguno de estos síntomas. Y en el peor de los casos, siempre está el consuelo de saber que las molestias no durarán mucho más que nueve meses.

FUENTES:

El libro del embarazo. Albatros, Buenos Aires, 2007. 

NISWANDER, K.R. Obstetricia: Práctica clínica. 

STOPPARD, Miriam. Embarazo y nacimiento. Guía práctica y completa para todos los futuros padres. Bogotá, 2000. 

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