Los trastornos de la lectura o dislexia, son una alteración tanfrecuente que alcanza a afectar entre el 3% y el 8% de los escolares, comprometiendo de modo importante su aprendizaje. La comprobación de estas cifras estadísticas y su repercusión académica ha sido motivo de preocupación para prestar un creciente interés a esta patología…

¿Qué es la dislexia? 

Para entender este trastorno debe primero comprenderse con más precisión el proceso mismo de la lectura, que pese a la sencillez de su automatismo, que implica un mecanismo sumamente complejo, que incluye como primer paso la percepción sensorial de signos, y su posterior decodificación que permite obtener un significado inteligible. 

El mensaje que se trasmite en formas gráficas (letras escritas, o grafemas), debe ser recogido sensorialmente, para que luego puedan ser analizadas e integradas en un concepto a partir de esos signos o términos. De este modo el concepto puede ser reproducido, expresado nuevamente, en signos similares, gráficos o sonoros, e incluso en gestos, en el caso del lenguaje utilizado por los sordomudos. 

En el proceso de lectura, a cada letra le corresponde un sonido, que los oyentes pueden reproducir en forma sonora, y que los sordos escofóticos sólo pueden reproducir luego de un prolongado y dificultoso entrenamiento de oralidad. Se trata (en palabras del Prof. Ajuriaguerra), de una verdadera transcodificación de la percepción visual para el lenguaje oral, que en el caso de los sordomudos implicaría un paso intermedio en el manejo de los símbolos. 

El proceso de lectura aumenta su complejidad al exigir la coordinación de cada palabra en una síntesis que las unifique primero en frase coherente, y luego en la globalidad de un significado conceptual que expresa la totalidad del texto escrito. 

La capacidad de lo que se denomina comprensión lectora pasa por este proceso de análisis gráfico, de coordinación de signos y su integración, que permite la elaboración de conceptos desde los términos, que no son otra cosa que símbolos gráficos, escritos, orales, o gestuales. 

En la escuela el niño se entrena de modo progresivo, paso a paso, y año tras año, para adquirir este proceso en una habilidad lectora automática que le permite alcanzar la comprensión lectora. 

La dislexia, como enfermedad, compromete este proceso. 

El mecanismo de la lectura: 

Durante la lectura los ojos van haciendo un rastreo sobre la página escrita en el que siguen un sentido, que en nuestra cultura es de izquierda a derecha, y de arriba hacia abajo. En la exploración visual del texto se obtiene una percepción de las frases como una sucesión reiterada, consistente en rápidos movimientos y detenciones repetidas a lo largo de la totalidad de cada página. 

Se calcula que las detenciones entre las frases duran alrededor de 200 milisegundos, tiempo útil para la comprensión inteligente del concepto que se transmite en la secuencia de términos. El proceso psico-intelectual implica detectar los rasgos peculiares de cada letra, distinguiéndolas de las otras para formar palabras, y luego en frases que permitan recibir mensajes inteligibles. 

Es frecuente y normal que el movimiento descrito, se interrumpa en su cadencia con detenciones y con retrocesos que llevan al lector sobre el texto previamente leído a fin de un nuevo análisis que procura una mejor comprensión. Hay quienes sostienen que los buenos lectores necesitan menos vueltas a atrás que los malos lectores. Pero lo cierto, es que las personas que padecen dificultades lectoras con dislexia, requieren un número mayor de detenciones que los normales. 

Para estudiar el trastorno disléxico se comparó la lectura de personas normales con las que sufrían el trastorno. Se utilizó para ello en unos y otros gafas especiales que registraban los movimientos oculares. Se encontró entonces que el grupo de los disléxicos realizaba un mayor número de detenciones, y con una duración mayor que en los buenos lectores. 

La naturaleza del trastorno 

La dislexia no debe relacionarse con una deficiencia intelectual, en cuanto capacidad no implica propiamente un compromiso de la racionalidad. Esta es una conclusión que se recogió en investigaciones que consiguieron determinar que los disléxicos padecen sólo una alteración en la habilidad lectora que no guarda relación con su coeficiente intelectual, ni con su edad, ni con el grado de estimulación que haya recibido: los pacientes disléxicos no tienen problemas en otras áreas de sus aprendizajes. 

El problema comenzó a estudiarse cuando la enseñanza formal se extendió a la población general, y permitió que el trastorno se hiciese evidente a fines del siglo XIX. 

Al principio se consideró un problema médico, del que más tarde se ocupó la psicología y la pedagogía, realizando nuevos aportes. 

Distintos autores distinguen diferentes tipos de dislexia, pero en Uruguay se utiliza mucho la clasificación de Boder, quien planteó tres modalidades del trastorno: 

a) la que consiste en la dificultad para lograr la integración de la letra escrita con el sonido correspondiente. 

b) la que radica en el déficit de la percepción visual de letras y palabras, lo que frecuentemente se relaciona con alteraciones sensoriales. 

c) una forma mixta, dada por ambas dificultades previas en forma conjunta. 

¿Cómo se diagnostica? 

Los escolares que padecen dislexia son fundamentalmente los varones, en una proporción de 4 a 5 veces más frecuente que las niñas. Si bien no todos los disléxicos padecen los mismos signos, el trastorno se sospecha ante los siguientes fenómenos: 

1. La confusión de letras, sílabas, o palabras, que ocurren cuando existen pequeñas diferencias entre sí. Por ejemplo, confundiendo la a con la o , la h con la n , y la m con la n . 

2. Confundir letras que son similares, pero con diferente orientación en el espacio, como por ejemplo la b con la d , y la b con la p .

3. En otras ocasiones ocurre que se invierte la dirección de la palabra total, o en parte de ella, por ejemplo sol por los , o se por es . 

4. Otra forma puede darse por adición o por omisión de letras. 

5. También se observa el salteo de renglones en la lectura. 6. Es frecuente la lentitud extrema, con dificultad para unir las letras en una palabra, que ocasiona problemas para comprender textos. 

6. La lectura y/o escritura en espejo , es otro de los signos. 

El tratamiento 

Se requiere de una asistencia profesional interdisciplinaria, comenzando por un examen médico del estado de salud general haciendo especial hincapié en la capacidad visual y auditiva. 

La participación del neuropediatra resulta de especial importancia, unido al concurso del neuropsicólogo. 

Entre ambos especialistas podrán valorarse adecuadamente las dificultades para el aprendizaje, estudiando las distintas habilidades cognitivas, la atención, la memoria, la inteligencia en general, y la afectividad. 

Un tercer integrante fundamental del equipo es el que aporta la valoración psicopedagógica, por cuanto los procesos de enseñanza-aprendizaje que ha recibido el niño hasta el momento de la consulta, deben ser evaluados para distinguir las falencias propias del niño, de las que pueden atribuirse a su proceso educativo. Un estudio complementario del lenguaje debe ser realizado por el fonoaudiólogo, ya que es frecuente encontrar afectadas, y mutuamente influidas, las funciones de la lectura y las del lenguaje. 

Debe tenerse en cuenta que la dislexia no es privativa de la infancia, ya que en edades más avanzadas pueden existir trastornos en lo que se denomina conciencia fonémica o fonológica, como capacidad para relacionar las letras con el sonido que representan, y para discriminar los sonidos de las sílabas. 

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