Marcela Lechuga Payá (Chile) es psicóloga clínica, especializada en Psicología de la Salud y posee un posgrado en Hipnosis Ericksoniana.

También es consultora y mamá de María Jesús de 25 años. Dedica sus esfuerzos a la búsqueda de la esencia de lo humano y a tratar aspectos críticos como el desgaste laboral (burnout), el alivio del dolor, la demencia, el miedo a envejecer.

Con el resultado de sus investigaciones en instituciones públicas y privadas, ha contribuido a reconceptualizar el paradigma del estrés percibido como un enemigo, para valorarlo como un aliado que nos permite ser protagonistas de nuestras vidas.

Así es la vida, su primer libro, es best seller en Chile con más de 22 semanas en el ranking de los libros más vendidos y ahora trasciende a Latinoamérica junto a la editorial Penguin Random House.

La pueden seguir en Facebook (Marcela Lechuga), en Twitter (@MarcelaLechugaP) y descargar el primer capítulo en su página web www.asieslavida.cl  

Habitualmente consideramos que el estrés es algo negativo, un enemigo que afecta nuestro bienestar, pero al leer tu libro esta perspectiva cambia. Hablanos un poco sobre los beneficios del estrés.

El estrés es un motor, un recurso natural que tenemos para enfrentar los retos que la vida nos va poniendo desde que nacemos hasta que morimos. Entre estos dos grandes retos (el nacimiento y la muerte), hay otros retos: enfrentar el colegio, un matrimonio, los conflictos de pareja, la pérdida de un ser querido, la situación de frustración de un sueño, y el estrés ayuda a poder trascender y a enfrentar esas situaciones que obligan a crecer. Por ejemplo, cuando empecé el colegio, mis compañeros se reían de mi apellido “Lechuga” y yo lo vivía mal, entonces para mí ese estrés fue una amenaza y no un desafío. ¿Qué falta? Buscar los recursos para enfrentar los retos eficientemente.

¿Cómo se puede convertir un reto en un aprendizaje o crecimiento?

Se deben tener los recursos personales para enfrentar el reto. Por ejemplo, si yo me hubiese sabido reír de mí misma cuando era chica, si hubiese tenido el recurso del humor, esto no se hubiera transformado en una amenaza, se hubiera transformado en un desafío. Si en el tiempo no se desarrolla el nuevo recurso, la amenaza se va a transformar en un desgaste y es eso lo que hace mal.

O sea que no es el estrés en sí mismo el generador de enfermedades, sino que éstas suelen aparecer cuando el reto se convierte en una amenaza.

Exacto. Cuando el reto se convierte en una amenaza y no se buscan los recursos que se necesitan para enfrentarlos y transformarlos en desafíos, se transforma en un desgaste. No es el estrés el que hace mal, sino que es el no crecer, el no cambiar. El estrés nos invita a crecer hasta el último día. Hay que tener en cuenta que nadie crece relajado, crecemos porque tenemos que transpirar y esforzarnos.

La vida constantemente nos brinda retos: cuando salimos del útero, cuando empezamos a caminar, cuando aparece el amor, ¡hasta enamorarse es estresarse! después hay que aprender a vivir con otro, independizarse, después con los hijos. En la vida actual tenemos múltiples exigencias, tenemos múltiples roles que desempeñar, somos madres, hijas, compañeras, profesionales, amigas, hermanas, nietas, entonces usamos mal el término “estrés”. Decimos, “estoy estresada” cuando en realidad el estrés nos va a ayudar a ser más eficientes.

No es el estrés el que nos hace mal, sino que nos falta eficiencia, hay que aprender por ejemplo a pedir ayuda, a poner límites, a aceptar las críticas. Ser adulto no es solamente cumplir años, ser adulto es ser capaz de ser autorregulado, poder expresarse adecuadamente y poder manifestar nuevas posibilidades. Cuando tenemos esas competencias, vamos a poder desempeñar todos nuestros roles de forma óptima, pero si no las tenemos, comenzamos a sentirnos sobrepasados con las demandas que la vida nos va planteando.

Los padres buscan proteger a sus hijos y para eso tratan de evitarles el sufrimiento.  En el libro mencionás como ejemplo que cuando muere la mascota del hogar, si pueden salen en busca de una nueva para que los niños no se enteren.

No podemos evitar las pérdidas y los sufrimientos de nuestros hijos porque al final evitamos que se fortalezcan, ya que inevitablemente la vida nos va a enfrentar en alguna parte del camino a pérdidas. Es importante que los padres sean un ejemplo a seguir. En el fondo no le estamos evitando el sufrimiento a nuestros hijos, sino más bien a nosotros mismos porque no sabemos cómo enfrentarlo.

También hablás sobre los desafíos en las diferentes etapas de la vida. Contanos sobre esta evolución.

En la infancia el desafío es socializar, entrar en el mundo; en la adolescencia es descubrir la identidad, en la adultez es desempeñar los múltiples roles, ser capaz de conformar una familia. Entre los 40 y los 60, es dar sentido al trabajo, a la vida. ¿Por qué? porque después, un adulto sobre los 60, necesita tener un sentido de trascendencia para ofrecer la sabiduría que ha adquirido a los demás. Un anciano tiene otros desafíos, aprender a contemplar, a conectarse con lo trascendente, a ser un ejemplo a seguir para los demás. Estos retos pueden transformarse en desafíos o amenazas, dependiendo de si crecemos o nos estancamos. Si crecemos, vamos floreciendo, si nos estancamos desencadenamos un burnout, y ¿qué es un burnout? es el desgaste de nuestros recursos y por lo tanto nos puede predisponer a enfermarnos, pero no porque el estrés en sí mismo sea una amenaza. No se debe confundir el burnout con la depresión. Muchas veces confundimos el estar sobrepasados con estar deprimidos y es el peor error que podemos cometer porque en ese momento no estamos deprimidos, sino que nos están faltando recursos y esos recursos no se logran con una pastilla. La pastilla nos deja pasivos.

¿Cómo se resuelve el burnout?

Justamente cuando estás más desgastada es cuando más necesitás aprender algo nuevo, entonces te tenés que estresar más para aprender a enfrentarlo de una forma nueva. El camino farmacológico no resuelve el problema.

Dedicás un capítulo a las personas mayores, reconociendo que es un temor bastante generalizado el llegar a la vejez. ¿Cómo debe enfrentarse esta etapa?

Le tenemos miedo a la vejez pero también al estrés, a la vida, a los cambios, a los duelos, a las pérdidas, a todo lo que nos pone en situación de vulnerabilidad, que nos descoloca. Tenemos miedos cuando no sabemos cómo enfrentar los retos y ¿cómo se calma el miedo? buscando los recursos que nos faltan. Se mira a la vejez como algo desechable, pero ese concepto de vejez desechable no viene de los jóvenes, viene de los propios mayores, ellos empezaron a autodiscriminarse cuando empezaron a envejecer, a deteriorarse, a estar más frágiles, más vulnerables.

Decían: “si yo no voy a estar bien, no voy a ser independiente, prefiero que me pongan en un hogar o prefiero morirme, no quiero ser una carga para nadie”. Son los mayores los que tienen la tarea de honrar su vida a pesar de que tengan que usar bastón o una silla de ruedas. El libro está dedicado a una joven, Javiera (de 18 años) que se estresó hasta el último día para vivir. Un día me dijo “Marcela, me gustaría llegar a ser vieja porque llegar a ser viejo es un milagro y yo me estoy muriendo”.

Le ponemos muchas condiciones a la vida, el usar bastón o un accidente no son cosas que ocurren solo en la vejez. Los mayores cuando empiezan a ver que están más vulnerables, que están dependientes, no solamente pierden la valencia, sino que entregan su autonomía. Entonces, una de las cosas que podemos hacer para evitar el miedo a envejecer es comenzar a honrar nuestras vidas y honrar nuestra autonomía aunque seamos más dependientes del cuidado y amor de los demás.

Muchas veces los adultos cuando se jubilan sienten que no tienen nada más para hacer y se sienten perdidos.

Es cierto porque es un proceso de duelo que nos toca vivir. Pero nosotros somos seres sociales, necesitamos dar y recibir amor, necesitamos darle un sentido a nuestra vida y compartirla con otros hasta el último día. Cuando no hacemos el duelo, queda esa herida abierta y nos desgasta si no logramos darle un nuevo sentido a la vida. El duelo es un proceso de transición muy estresante y es normal sentirnos por un tiempo confundidos porque es un gran cambio en la vida. Cuando termina, la energía que se libera nos permite realizar grandes obras incluso en memoria de un ser querido. En el libro pongo el ejemplo del águila [1] que tiene un proceso de duelo, tiene que sacarse el pico, las plumas, pero termina renovada, despide a su etapa anterior y da paso a una nueva etapa.

Otro concepto que mencionás es el de “la mejoría de la muerte”, ¿de qué se trata?

Desde que nacemos, la única verdad que tenemos es que vamos a morir. Algo que resalto en el libro es que nosotros no le tememos a la muerte, le tenemos miedo a morir. No tenemos miedo a lo que hay después, ya que de eso nadie sabe.

A lo que le tenemos miedo es a morir y hay que tener en cuenta que es parte de la vida, entonces le tenemos miedo a perder autonomía, a perder autovalencia, a experimentar dolor, a sufrir. Lo que más tememos es sentir dolor y sufrir (temas que trato en mi próximo libro). Hay dos formas de nacer (parto natural o parto por cesárea) y hay cinco puertas para morir (suicidio, homicidio, accidente, enfermedad o repentina), pero, ¿qué ocurre? no depende de nosotros por qué puerta vamos a morir, la muerte nos va a llegar cuando tenga que llegar.

Cuando es el momento de morir, existe un proceso natural gracias al estrés del cuerpo que sabe ayudar a morir. Este proceso se llama “mejoría de la muerte”, está comprobado científicamente. El cuerpo libera todas las endorfinas y todo lo que necesitamos para estar en paz en ese momento. Entonces, nuestro cuerpo nos ayuda a pasar ese tránsito como nos ayudó a nacer.

Utilizás mucho los ejemplos y vivencias personales. ¿Cómo te resulta compartilas con tanta gente?

No es un libro que está escrito desde la distancia, es un libro compañero desde la experiencia profesional, las vivencias y también mi propia historia, es un libro que nos permite sentirnos conectados empáticamente. Necesitamos mucho acompañarnos respetuosamente, porque nadie es conocedor de la verdad, cada uno de nosotros tiene su propia historia. Los hijos no necesitan una instrucción o tips, sino que necesitan una experiencia, una vivencia, por eso los padres deben compartir sus etapas de la vida. También debemos mostrar cómo hemos ido superando las adversidades. Hacerlo así fue la forma que yo encontré para llegar al corazón de los lectores.

El libro “Así es la vida” va dirigido a un público muy amplio.

Sí, está escrito con la intención de llegar transgeneracionalmente a los jóvenes, a los padres y a nuestros mayores.

[1] El águila es el ave de mayor longevidad entre las criaturas de su especie. Vive setenta años; pero para alcanzar esa edad, al llegar a los cuarenta, debe tomar una seria y difícil decisión.

Sus uñas están apretadas y flexibles y no consigue aferrar a sus presas de las cuales se alimenta. Su pico largo y puntiagudo está curvo, apuntando contra el pecho. Sus alas están envejecidas y pesadas y sus plumas, gruesas. ¡Volar se le hace ya muy difícil!

El águila tiene solamente dos alternativas: morir o atravesar un doloroso proceso de renovación que dura ciento cincuenta días. Ese proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón, en donde no tenga necesidad de volar.

Entonces el águila comienza a golpear su pico contra la pared hasta conseguir desgarrarlo y arrancarlo. Debe esperar el crecimiento de uno nuevo, con el que desprenderá una a una sus uñas. Cuando las nuevas uñas comienzan a crecer, tendrá que desplumar sus plumas viejas y esperar a que renazca su plumaje.

Después de cinco meses, emprende su vuelo de renovación y… ¡a vivir treinta años más!

ANÓNIMO.

Publicado en “Así es la vida” de Marcela Lechuga.

Fotografía del sitio web www.marcelalechuga.cl

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