Testimonio del parto de una de las madres de Mundobebé.

Testimonio del parto de una de las madres de Mundobebé.

En la tarde del 29 de julio de 1998, estaba trabajando como de costumbre en mí Clínica, era alrededor de las 19 horas cuando sentí un extraño dolor. Atendiendo un paciente, de la especie canina, me di cuenta que ese ”dolor” no era ni más ni menos que una contracción.

Continué en mi tarea y vi que se repetían cada tanto… 10 minutos o más. Luego cedieron y no aparecieron hasta las 0:30 horas del 30 de julio. Una noche de locos, muy incómoda, no encontraba posición en la cama. Contracciones totalmente irregulares que no justificaban para nada el traslado a la mutualista.

Luego de una noche de poco sueño me levanté como de costumbre, a las siete, desayunamos con mi esposo y nos fuimos, caminando a nuestro trabajo.

A las diez de la mañana comenzamos otra vez con las contracciones, siempre irregulares. Como todos los días, nos tomamos algo caliente a media mañana, realicé dos baños y un corte de pelo (estamos hablando de perros). Mi marido atendió los casos diarios pero se notaba su preocupación, por no decir susto…

A las trece horas cerramos y nos fuimos a casa caminando. Mi esposo comió algo liviano y yo me tomé un helado palito, de esos bañados en chocolate. Luego me tomé una bebida cola diet y salimos a caminar.

Era una tarde espectacular, soleada y con una temperatura agradable para la fecha que corría. Las contracciones comenzaron nuevamente y con más fuerza que impedían moverme durante su transcurso. Irregulares siempre.

A las cinco de la tarde se tornaron más violentas y eran más frecuentes, pero no eran las suficientes como para internarme.

Teníamos que abrir nuestra Veterinaria a las cinco, pero como verán, no fuimos. Creo, que ni nos acordamos.

Tomé mi bolso y el de la bebé y nos dirigimos al garage a buscar la camioneta. Era algo más de las seis cuando las contracciones se hicieron cada vez más fuertes, así que nos dirigimos a la mutualista.

Toda una odisea, el tránsito de terror y para colmo me venían contracciones en los lomos de burro o cuando arrancábamos en un semáforo. Una situación bastante incómoda pero nos daba gracia y hasta la risa nos salió…

En la mutualista me atendió la partera (la profe del curso), la cual me dio un reto porque estaba aún en preparto. El médico de guardia llegó unos minutos después, me revisó y dijo que prácticamente no tenía dilatación. De todas formas, para mi tranquilidad indicó mi internación. A mi esposo le dijo que tenía para rato, que por las dos o tres de la madrugada sería el evento.

A todo esto, eran como las 20 horas, me puse un camisón y me acosté. Allí empezó todo… una contracción tras otra, cada vez más fuertes en intensidad y duración. 

La partera me tomó algunos datos mientras me pedía que no pujara, que se iba edematizar el canal, bla, bla, bla… Pero tenía una necesidad tremenda de pujar y como no podía me daban ganas de vomitar. Como si fueran contracciones al revés. No me pregunten la fuerza que hacía con mis manos ya que mi marido quedó con mis uñas (gracias a Dios que eran cortas) marcadas en sus manos.

En un momento, entra mi hermana (es administrativa en esa mutualista) y me pregunta si preciso algo, a lo que le contesto: “quiero parir”. Sale corriendo y entra unos minutos después la partera con una enfermera.

Me dice: “abra las piernas y vamos a ver porque tanto lío…”. En eso se rompe la bolsa, era como una fuente, pero sentí un gran alivio, pero no termino de gozar el momento cuando la partera grita: “llamen al médico que esta nena se nos viene…”, “le veo los pelitos”.

Viene el doctor, me ponen en una camilla y salimos todos corriendo. Entramos en la sala de partos, preparan todo y el médico dice: “pujá con todas tus fuerzas”. No fue necesario, tres pujos y Mercedes salió, un pujo más y adiós placenta. Todo un placer… Sentir como se deslizaba el bebé fue la mejor sensación del mundo. Tenerla sobre mi pecho la emoción más grande de mi vida.

Desde que me acosté y realmente entré en trabajo de parto, hasta el nacimiento, transcurrió hora y media. En la sala estuve quince minutos, todo un record…

Ese momento y todo lo anterior, fascinante. No me pregunten en qué momento me hicieron la episiotomía, si el enema fue molesto o incómodo que alguien te afeitara… Realmente no lo sé, lo único que puedo decir es que todo lo anterior y el parto en sí mismo fue una experiencia única.

Si hubo dolor, ni importa, eso se olvida con la llegada de un hijo, y además, si fuese tan insoportable no estaría en este momento de 16 semanas de embarazo, esperando nuestro segundo hijo…

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