Somos Victoria y Agustín, tenemos dos hijos: Mateo de casi 3 años y Simón de 8 meses. Mateo nació por cesárea, de urgencia, ya que a la semana 37 se dieron cuenta que no estaba creciendo bien en la panza (nació con 1,650 kg).

Queríamos y habíamos planificado tener un parto en casa pero no se pudo. Estuvimos 23 días internados en el sanatorio. En cambio Simón nació por parto vaginal, planificado, en casa.

El tema del parto “natural” siempre estuvo presente, lo que no teníamos pensado o al menos manejado era la cesárea de Mateo. Siempre nos pareció, por nuestra forma de pensar y de sentir, que el mejor lugar iba a ser el que yo, como mujer y mamífera me sintiera más cómoda: nuestro hogar.

El nacimiento de Simón realmente fue muy diferente y maravilloso. Más allá de que uno pueda buscar, ver o saber de historias de otras personas, lo que pesa es la decisión de la pareja, sobre todo la de la mujer. Por lo tanto, la elección u opción de parir en casa apareció antes de quedar embarazada de Mateo, pensando en cómo queríamos que fuera la bienvenida de nuestro hijo al mundo.

Pensamos que algo que nacía del fruto del amor, no podía llegar de otra forma que no fuera rodeado de amor, y lamentablemente hoy en día es difícil encontrar, sobre todo en las instituciones, gente que acompañe tan maravilloso momento desde el amor. Ni que hablar que ciertas prácticas responden a los tiempos actuales, pero también es cierto que las familias hoy se están cuestionando ciertas formas, y eso responde a una necesidad de re-pensar el amor, porque de ese concepto nace todo lo demás: el respeto, la valoración, la comprensión, el apoyo, la contención, etcétera.

Yo necesitaba sentirme respetada, amada, contenida, fuerte, y sobre todo, tener la certeza de que los que me rodeaban tenían plena confianza en mí, como mamífera, como mujer. Y al haber pasado por las dos experiencias es notoria y triste la diferencia, obviamente que hay gente hermosa en los sanatorios también, pero tristemente las mujeres somos tratadas como cosas y se pierde el valor de la maravilla del momento.

Estuve en pre-parto varios días, las contracciones eran intensas pero no regulares. En esos días me acompañaron mi hijo y mi compañero y estábamos en contacto con las parteras. El día del nacimiento, cuando comencé el trabajo de parto, estábamos en casa los tres. Mateo sabía lo que estaba ocurriendo, o al menos lo habíamos hablado y él me acompañaba en cada contracción, poniéndose en cuatro patas conmigo y vocalizando, abrazándome, dándome jugo, era casi un “doulo” ¡con sus 2 añitos!

En un momento que la cosa se puso más intensa, pedí quedarme sola, y así estuve aproximadamente 2 horas. Cuando volvieron, Agustín acostó a Mateo que se había quedado dormido y yo llamé a la partera. Al ratito llegaron la partera Sylvia y Victoria, amiga y profesora de yoga que había sido un sostén fundamental en el embarazo, y al rato llegó Rossina, la otra partera.

Fue una experiencia maravillosa, hermosa, donde reinó la alegría y el amor. Realmente fue todo celebración y pude vibrar y hacer lo que mi cuerpo y mi corazón me decían.

La familia se encarga de las toallas (tienen que estar limpias, planchadas y guardadas en papel) entre otras cosas. Es fundamental cuidar la higiene así como el concurrir a las clases de parto, yoga y demás. Las parteras también tienen una preparación pero no recuerdo mucho en qué consiste.

Obviamente cuentan con todo un equipo acorde al acontecimiento como tanque de oxígeno, entre otras cosas. El parto es un proceso natural que hoy en día está muy medicalizado y super intervenido.

Obviamente que hay herramientas importantes y que han ayudado a muchas mujeres y bebés a parir-nacer y doy gracias por eso, ya que incluso tuve que experimentarlo durante el nacimiento de mi primer hijo. Lo que importa es el amor, el respeto y la valorización de esa mujer y ese ser que esta naciendo, todas las herramientas son necesarias y agradezco que existan, pero ello no exime a que no haya amor.

El parto fue en un cuarto que usamos como estar, allí pasamos muchos momentos del día, están los chiches, un sillón y la computadora. Tenía bastante espacio para moverme. Lo preparamos con Mateo, pintamos un dibujo bien grande que pegamos en la pared para que Simón viera algo lindo cuando naciera. Así nos preparamos los cuatro como familia y fue realmente hermoso.

Victoria, Agustín, Mateo y Simón

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