‘Vidas unidas. 22 experiencias de familias adoptivas’ es un libro de Olvido Macías que permite conocer la cara y la cruz de la adopción. 

“Vidas unidas. 22 experiencias de familias adoptivas” es un libro de Olvido Macías que permite conocer la cara y la cruz de la adopción. “A la gente que cree que adoptar es un capricho o una moda le aconsejaría que pasara por lo que pasan algunos de los protagonistas de este libro”, comenta Olvido Macías.

¿Cómo surge el libro?

En la introducción, el autor cuenta que leer “Las hijas del Yang-tsê” de Xinran, en el que se explica por qué hay padres que abandonan a sus hijos en China, lo llevó a recopilar estas 22 historias de familias adoptivas.

También son varias las familias del libro que cuentan que el motivo que las llevó a adoptar fue ver el documental “Las habitaciones de la muerte”, emitido por TVE hace 20 años, en el que se ve a las niñas de un orfanato en China en condiciones precarias y se explica cómo muchas fueron abandonadas como consecuencia de la política del hijo único para controlar la natalidad, ya que las familias buscaban tener un varón que las sustentara (las hijas servirían a los suegros).

Muchas de estas familias adoptaron niños del Pasaje verde, que se apartan de la adopción normal porque están enfermos. Es el caso de Ana Beasoain, que adoptó a un niño de 12 años al que le faltaban varios dedos o de Ángel Expósito, que adoptó una niña con Fabismo, una enfermedad medieval heredada de una abuela y provocada por la falta de una enzima.

Aprendizajes

El principal mensaje que transmite Vidas Unidas es que una adopción no tiene por qué salir bien, por lo que conviene estar seguro a la hora de tomar la decisión de adoptar y prepararse para ello. Los niños adoptados suelen venir con una mochila cargada de problemas, tanto físicos como psicológicos, de la que habrá que irse desprendiendo con mucho amor y con ayuda de profesionales.

Esos problemas que encuentran su origen principalmente en el abandono y la falta de apego, pueden verse agravados por la desnutrición, maltrato, alcoholismo durante el embarazo, etc. que dan como resultado falta de autoestima, miedo al abandono, autismo, hiperactividad o agresividad, entre otras dificultades que pueden variar en función de la familia biológica y también del país de origen. Así, por ejemplo, vemos que en las adopciones en Rusia es habitual encontrar casos de intoxicación por mercurio que provoca retraso en el habla o síndrome de alcohólico fetal causa de agresividad, trastorno grave de conducta, retardo mental, problemas de memoria inmediata serios, hiperactividad y déficit de atención y autismo leve.

Muy diferente se da en Hungría, ya que los niños reciben formación y ayudas. Además los visitan periódicamente y les hacen seguimiento psicológico y médico. El proceso es muy informal porque importa más el aspecto psicológico y afectivo que la parte burocrática y legal. Tenés que alquilar un piso ahí y convivir con los niños un mes y medio. Parece lógico que el resultado de una adopción en Hungría sea considerablemente diferente al de una adopción en Rusia.

“Vidas unidas” también da a conocer los diversos motivos que pueden llevar a adoptar, el largo embarazo burocrático que viven por igual el padre y la madre, los viajes al país de origen antes de la adopción y el viaje del retorno pasados los años para reencontrarse con la familia biológica, la creación del vínculo de apego…

Estas son algunas de las reflexiones sobre el vínculo de apego en la adopción extraídas del libro:

  • “Padre y madre no son los que te traen al mundo sino los que te limpian el culo y te llevan al médico cuando estás enfermo y te aguantan”. Jordi Sevilla.
  • “Tú no eres hija de tripita, eres hija de corazón”. Anne Igartiburu.
  • “Tus hijos no se parecen a ti pero tendrán tu sonrisa”. Padre Ángel.
  • “Discutí con un reputado científico al que dije que Julia llevaba mi sangre. En la calle nos identificaban como madre e hija porque nos parecíamos, la tomaban por la hermana de sus primas y tenía fobias de una bisabuela a la que nunca había conocido. No todos los científicos entienden de sensibilidades, no comprenden que la genérica tiene que ver con el corazón”. Pilar Cernuda.

Lactancia y adopción

  • “Me eché en la cama y Francine, la pequeña, me buscó el pecho y se puso a mamar. Al instante avisó a Yasmine y a Sina para compartir mi pecho. Al verlo, Luis preguntó: ‘¿Qué pasa?’. Yo le contesté: ‘no sé, pero ¿quieres prueba más grande de que me aceptan y me quieren como madre?’. Las tomas duraban pocos minutos y cuando les preguntaba: ‘¿Bucki?’ (en malgache, ‘¿está llena?’, ellas me contestaban ‘Bucki be’ (‘Sí, muy llena’)”. Cristina Cama.

Conciliación y adopción

Jordi Sevilla, padre de 3 hijos adoptivos, hermanos biológicos, y “primer ministro que implantó la conciliación familiar en su departamento”. Cuando tuvieron a su primer hijo, trabajaba de jefe de gabinete del ministro de Economía Pedro Solbes (1995):

  • “Yo le dije a Pedro que mi prioridad iba a ser mi hijo y que, si hacía falta, dimitía. Él me contestó que ‘ni de coña’. Le comenté que tenía que salir del trabajo a las 19:30 porque a las 20:00 era el baño de mi hijo y yo quería bañarle todos los días. Provocaba comentarios irónicos en el comité de dirección, mayoritariamente masculinos, hasta que se dieron cuenta de que podía compaginarlo todo y no pasaba nada. Empecé a encontrarme altos cargos en el ministerio que me decían que se arrepentían de no haber hecho lo mismo porque se habían perdido una vivencia importante con sus hijos. Entonces me di cuenta de que tenemos mal organizada la sociedad: por una parte hablamos de que los hijos y su educación son importantes y por otra le dedicamos el menor tiempo posible y se los encargamos a otras personas a las que pagamos”.

Margarita Carrillo y su marido también lograron adaptar sus trabajos a las necesidades familiares. Ella cerró su oficina, cambió de ciudad y su marido trabaja en casa casi todos los días. Él, director de una empresa, ha conseguido ir a la oficina dos veces por semana y el resto hacerlo desde su domicilio.

No han corrido la misma suerte Enrique Aliseda, que eligió Mexico por descarte porque es uno de los pocos países que permiten la adopción de un padre soltero, o Vidina Santana, madre de un hijo colombiano, que se vieron obligados a tener dos trabajos para hacer frente a los gastos que supone un hijo adoptado y la falta de tiempo para ellos les trajo problemas.

  • “Nada más llegar mi hijo empezó a romper cosas de la casa y esconder clavos y cristales en la cama. Se encara con los profesores, saca los puños en el instituto y se junta con lo peor del pueblo. He perdido buenos amigos por culpa del niño y además no cuento con el apoyo familiar”. La psicóloga me recomendó que trabajara menos para pasar más tiempo con mi hijo pero si dejo alguno de mis dos trabajos no me llega para cubrir gastos. Mi hijo necesita la atención de especialistas que tienen un coste”. Enrique Aliseda.
  • “Todo comenzó hace varios años cuando a causa de la crisis tuve que aceptar dos trabajos. Soy psicóloga. Tenía que desplazarme a 50 kilómetros de Las Palmas y el niño, ya con 12 años, se quedaba cuatro horas solo en casa y hacía lo que quería. Empezó a juntarse con malas compañías y a probar ‘chocolate’. Regresaba cansada del trabajo y de ser muy estricta pasé a ceder mucho… Fue detenido al intentar robar con otro chico un móvil a un muchachito y le llevaron a comisaría”. Vidina Santana.

Fuente: “Vidas unidas. 22 experiencias de familias adoptivas. Olvido Macías” de Usúe en #mamiconcilia

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