Gracias Navidad por haberme dado tanto y por recordarme cada año, aún siendo grande, que para ser felices de verdad debemos hacernos como niños.

La Navidad… mis ojos se empañan de lágrimas y melancolía cada vez que recuerdo u oigo decir esta palabra.

Pero son lágrimas de emoción, de una sensación profunda que llevo desde niña en mi corazón. Ya de pequeñita me han enseñado del valor de la Navidad, cuanto significa en nuestras vidas y por qué la hemos de conmemorar y recordar amenamente todos los años de nuestra vida.

Recuerdos imborrables vienen a mi mente, y aquella niña que fui, llena de frescura, pureza y alegría por vivir sensaciones nuevas hoy se renuevan como si hubiera sido ayer, como si de nuevo me convirtiera en niña para disfrutar sin preocupaciones, y con la certeza total de que sí existe Papa Noel, Los Reyes Magos, y cuantas historias nos han contado y sabemos hoy muchos que son reales.

Me acuerdo de mi abuela transmitiendo valores y enseñanzas sobre la Navidad, pues no solo se quedaba plasmada en una palabra, congelada en una noche, sino que tales enseñanzas nos servían para nuesta vida, para armar el camino del amor, de la bondad y solidaridad.

Pues también sabíamos que había muchas familias y niños en el mundo que no eran felices en ese momento, que no tenían una mesa servida tal vez como nosotros… pero igual esperaban con alegría y esperanza un mañana mejor.

Y mucho me ha enseñado la vida, porque no podía salir al mundo sin ver para los costados, de personas que sólo comían arroz pero tenian amor en el corazón, y mucho para darnos a nosotros. De niños pidiendo en la calle alguna ropa o comida que más una necesidad fisica, un símbolo que los llenaba de riqueza espiritual…

Y sé que al ayudar a otros a comprender el verdadero significado de la Navidad ya lo estaba construyendo sin saberlo. Pues tambien esas personas que creian no tenían mucho para dar, me han enseñado que lo esencial es tenernos unos a los otros, estar en una comunión familiar y espiritual, de agradecer a la vida de estar juntos, con salud, de sentir amor, alegria, y emoción, y de sobretodo de creer, de haber recibido el don de la fe.

Mas allá de la alegría que sentia de niña, con esa frescura y nobleza que sólo los niños puedan tener, de preparar junto a mis hermanos el arbolito, de compartir ese momento maravilloso e inolvidable juntos, donde el colocar cada adorno significaba un sentimiento más de amor que se expresaba.

Recuerdo también a mi abuela con su delantal de flores navideñas, rojo y verde, a mi madre corriendo de aqui para allá, limpiando toda la casa para recibir la Navidad… cocinando masas, y budines con pasas y frutas secas, donde también me permitían ayudar a hacerlos.

Recuerdo cuando esperabamos ansiosamente los regaitos de Papá Noél y nos decían, ya pronto llegará… y cuando los abríamos nuestra carita de felicidad y asombro contagiaba también a los mayores que aún reían y descansaban en una larga sobremesa.

Después jugar y compartir, contarles a todos nuestros amigos los regalos, … era muy divertido.

Una noche en especial, recuerdo que salí con mi prima a recoger el pastito para los camellos, y estuvimos varias horas bajo el cielo estrellado de una noche calurosa de verano… juntando tanto pasto para que los camellos se saciaran, como un agradecimiento de nuesto coranzoncito por acordarse de nosotras.

Y ahora siendo una mujer, sabía que uno haciéndose adulto iba perdiendo cada vez más el asombro, el deslumbrarse por la simpleza de la vida que nos hace sonreir y vivir el momento. Y doy gracias que aquella emoción no la perdí sino que la revivo ahora junto a mi hija transmitiéndole la misma alegría, la misma felicidad y enseñanzas que a mi me hicieron un poco mas sensible y humana.

Y nunca habrán de olvidar que es La Navidad, un acto de amor, de saber y recordar que nació nuestro Salvador, y con Él, el Amor, la felicidad de vivir y el tiempo para compartirlo con las personas que amamos, y sobre todo de ser generosos con los otros, porque cada acto de caridad que ter sale natural, aunque no lo hagas para recibir nada a cambio, es devuelto como en un regalito que solo tu sabes disfrutar.

Gracias Navidad por haberme dado tanto y por recordarme cada año, aún siendo grande, que para ser felices de verdad debemos hacernos como niños. 

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